miércoles, agosto 14, 2013

De Iconos: 25 Años Sin Jean Michel Basquiat

 
Fue un caluroso 12 de agosto de 1988, cuando Basquiat el artista convertido hoy en día en icono fallecía a consecuencia de una letal sobredosis de opio y cocaína, con tan solo 27 de años había revolucionado el arte.

Jean Michael Basquiat fue el arquetipo del artista callejero por excelencia, hijo de un padre haitiano y madre puertorriqueña, no tuvo educación formal en el arte, más que algunas veces cuando se madre lo llevó a museos durante su niñez, a los 19 años Basquiat se escapa definitivamente de casa y llega a Manhattan en 1978, con unos cuantos dólares, el inquieto Basquiat se gana la vida vendiendo postales de collages y camisetas elaboradas por el mismo, ocasionalmente sobrevive de la prostitución, y es gracias a su curioso peinado de indio iroqués que se convierte en figura conocida de los locales de moda, convirtiéndose en un personaje habitual del mundo de artistas, músicos y directores de cine del Mudd Club y del Club 57.

Sin duda Basquiat llegó en un gran momento a Nueva York, lugar violento pero el mejor del mundo para ser un artista, de la ciudad manaban bandas geniales post punk como Blondie y Talking Heads, y se comenzaba a gestar un ritmo urbano: el hip hop, los hijos de los baby boom más tarde conocidos como yuppies, estaban a punto de tomar el control de todo, y arrasar con quien se pusiera en su camino.

El 11 de diciembre de 1978, el periódico de la movida neoyorquina Village Voice decide hacerle una entrevista, junto a Al Díaz para revelar el enigma de SAMO (Same Old shit) acrónimo que había nacido en 1977 en un periódico escolar, esto fue lo que Basquiat necesitaba para echar andar su leyenda, un año después surgen diferencias entre ambos y este termina matando al personaje por medio de un graffiti SAMO is dead, el cual aparece en todas las paredes del Soho, ese mismo año en mayo Basquiat pasa a formar parte de un combo musical de art-noise llamado Gray junto a Vincent Gallo, Michael Holman y Sharon Dawson, actuando en varios locales donde Basquiat en ocasiones la hacía de DJ. 

Este fue el impulso que Basquiat necesitaba para comenzar a pintar sin cesar, salía a las calles y recogía lo que pudiera, desde ventanas hasta puertas o cualquier cosa que pudiera servirle para crear sus obras, coloreaba postales y tarjetas y las vendía en la calle, eso lo ayudo para poder alquilar un apartamento que después utilizó como atelier, hasta que una tarde de 1980 apareció Diego Cortez, un curador de arte y amigo de Basquiat que ya conocía de su trabajo, junta a él Jeffrey Dietch quién se sorprendió al ver que todo estaba pintado hasta su refrigerador, Dietch salío de allí con cinco dibujos que le costaron 250.00 dólares.

En aquel momento el neoexpresionismo se consolidado y el mercado del arte iba en aumento, gracias a que ya no era consumido por los ricos nada más sino por una nueva generación de profesionales hedonistas que venían de la clase media y que buscaban decorar sus recién adquiridos lofts, mejor panorama no pudo tener Basquiat quien encontró el perfecto nicho para poder vender sus esqueletos, figuras abstractas, calaveras, colores vivos totalmente influenciados por la cultura negra.

Luego vino la consolidación, a los 21 años ya había logrado exponer por primera vez en Europa, considerado como el sabor del futuro, llegó a los brazos de Annina Nosei quien lo adoptó y le dio de todo pero no tardo en sentirse molesto, como si fuera un animal de exhibición, lugar que abandonó en 1982, ya para 1983 en su obra asoma lo que era su otra gran pasión: la música, sus cuadros llevan referencias de gente como Hendrix o Davis, y luego viene su encuentro especial con Madonna con la que mantuvo un romance y por supuesto su relación artística con el icono del arte pop: Andy Warhol de quien experimentó un sentimiento paternal, fue ese período el más floreciente para ambos artistas, aunque muchos dicen a la fecha que el que más se beneficio fue Warhol.

Es en esta época cuando su adicción a las drogas comienza a hacerle los primeros daños a Basquiat, su miedo por convertirse en un estrella efímero refuerzan su coqueteo con la heroína, hasta que llegó la separación definitiva de Warhol en 1985, tras un artículo del New York Times, donde detallaba los pormenores de la vida de Basquiat, donde ponían en duda la perdurabilidad de su obra, y que estaba totalmente influenciada por The Factory, siguiendo el consejo de John Russell este termina alejándose.

Para los años siguientes el artista siente que todo se viene en su contra, detesta lo que pasa a su alrededor, a los mercenarios del arte y aquellos que buscan hacerse ricos por medio del arte, se vuelve más irritable y desconfiado y usa la droga para poder concentrarse como era su habitual excusa, realiza un viaje a Hawaii junto a su novia y su padre, se mantuvo sin drogas, feliz y pudo pintar, tras su regreso recibe un golpe mortal: la muerte de Warhol en 1987, su padrino en el arte lo sumió en una grave depresión que lo indujo nuevamente al uso de las drogas, es aquí cuando comienza la espiral descendente y lo plaga en su obra, la muerte se vuelve parte de su pinturas.

Al final el artista termina absorbido por sus propios temores, dejando más de mil cuadros realizados de los cuales muchos de ellos alcanzan cifras récord, Basquiat tenía la ciudad a sus pies lo cual potenciaba al mismo tiempo su vulnerabilidad, que fue lo que al final terminó trangandolo, dejando para la posteridad, la leyenda del artista que mejor capturó el espíritu del neoexpresionismo de los años 80's del cual supo crear un estilo único.

No hay comentarios.: